"¡Soledad! ¿Acaso conoces tú la soledad? Sí, la de los poetas y la de los impotentes. ¿Soledad? Pero ¿cuál? ¡Claro, tú no sabes que solo no se está nunca! ¡Y que por todas partes nos acompaña el mismo pesado fardo del futuro y del pasado! Los seres que hemos matado están con nosotros. Y con ésos aún sería fácil. Pero están también los que hemos amado, los que no hemos amado y nos han amado, y los remordimientos, el deseo, la amargura y el goce, las putas y la pandilla de los dioses. ¡Solo! ¡Ah, ojalá, en vez de esta soledad envenenada de presencias que es la mía, pudiera disfrutar de la auténtica, del silencio y del temblor de un árbol! ¡La soledad! No, Escipión. La soledad la puebla un rechinar de dientes y en toda ella resuenan ruidos y clamores perdidos. Y junto a las mujeres a las que acaricio, cuando cae la noche sobre nosotros y, alejado de mi carne por fin satisfecha creo asir un asomo de mí mismo suspendido entre la vida y la muerte, entonces mi soledad entera se llena del agrio olor del placer que desprenden las axilas de la mujer que aún dormita a mi lado."
XII
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miércoles, 7 de septiembre de 2011
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