V

—¿Ah, sí? —contestó el sastrecito, y, desabrochándose la chaqueta, le enseñó el cinturón—-¡Aquí puedes leer qué clase de hombre soy!

La clase de persona que vive por su pasta y su merienda, gigantes en flor de la tierra, que llegaran a las nubes pero será por la caótica sociedad y su sucia justicia, balanzas de cobre yonkie, han desequilibrado todo y hacen injusto que John Doe nos vea desde arriba con un par de falsos tacones del chino, modelando, no más de una vida os doy para que caigáis.
Yo por tus buñuelos y nuestro postre, me basta con tener ese ruidoso techo negro, porque le doy las gracias a mi espejo porque tengo una hevilla que dice que maté a siete de un golpe.

jueves, 7 de julio de 2011
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